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sábado, 1 de octubre de 2011

(30 libros) 30. Uno que pueda salvar vidas

El mundo y sus demonios, de Carl Sagan

Creo que unas de las tantas causas de muertes inútiles en el mundo son la superstición, las creencias dogmáticas en religión y en política y el desconocimiento de como es el verdadero pensamiento científico. Se me ocurre pensar que un libro como El mundo y sus demonios de Carl Sagan debería servir para acabar con esto, aunque sea en una pequeña fracción, pero a veces me pregunto si esta clase de libros los lee quien debe leerlos.

Que no soy yo precisamente quien necesita leerlos (que me cuesta imaginar algún creyente leyendo Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell, por ejemplo) y pienso si está clase de reflexiones solo terminan dando vueltas en el club de los racionalistas o por el contrario de alguna forma llegan a tocar, aunque sea para crear alguna pequeña comezón mental, las cabezas de tantos creyentes de teorías pseudocientíficas y propagadores de falacias.

Mi esperanza es que si, aunque sea en una mínima proporción, libros como el de Sagan ayudan a que alguien se de cuenta de algunos dogmas estúpidos que carga por pura costumbre y entienda que una transfusión de sangre no va a ocasionar su perdición en el Purgatorio, que ese cáncer tiene mejores probabilidades de curar con algo mejor que unos ramazos de ruda, que no hay poderes ocultos en santos sudarios o en collares de piedritas de colores y que no van a venir ningunos extraterrestres a rescatar su alma luego de ese suicidio colectivo.

O quizás no, quizás debí escoger para esta entrada un manual de primeros auxilios y dejarme de pendejadas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

(30 libros) 29.Uno que se haya robado

Los carteles, su historia y lenguaje, de J. Barnicoat

Eso de estudiar en otra ciudad y tener que vivir en una pensión no se lo recomiendo a nadie. Compañeros de habitación borrachos, peleas de parejas y robos de comida en esa nevera comunal son algunas de las cosas que hay que calarse.

Claro, tiene sus ventajas, existe la oportunidad de conocer un mundo de personajes con los que normalmente no te encontrarías. Por ejemplo, entre los que recuerdo, un estudiante de filosofía bastante singular, un antiguo guardia nacional empleado de un banco (muy buenas sus anécdotas), un licenciado en música amante del rock sinfónico y eterno despechado y por breve tiempo un maracucho diseñador gráfico que venía pocos días al mes a Caracas para hacerle unos trabajos a un partido político.

A través de éste último llegó a mis manos este libro que es una historia del afiche desde sus orígenes a finales del siglo XIX y toda su popularización y desarrollo a lo largo del siglo XX.

Y no es que me lo haya robado, no no no, se lo pedí prestado y por un proceso natural en el orden de cualquier habitación (que casualmente ocurrió cuando me dijo que no regresaba a Caracas) el libro terminó escondido debajo de un grueso tomo de cálculo y otro de amplificadores operacionales y, qué cosas, nunca regresó con su dueño.

Pero juro que si me lo hubiera pedido se lo hubiera devuelto.

Por este puño de cruces.

jueves, 29 de septiembre de 2011

(30 libros) 28.Uno que le haya asustado

Leyendas Nórdicas

Beowulf, príncipe de los geatas, decide, contra todas las recomendaciones y avisos, dormir en el salón del rey Hrothgar y después de la parranda, cuando todos duermen la borrachera a pierna suelta como vikingo que se respete, un terrible monstruo entra al castillo para llevarse a rastras a uno de los compinches. Beowulf no se amilana y se enfrenta a Grendel (así se llamaba el monstruo en cuestión) cuerpo a cuerpo arrancándole un brazo en la pelea. La noche siguiente la madre del monstruo (son feos pero tienen su corazoncito) decide vengarlo y mata a unos de los amigos de Beowulf y entonces este persigue a la madre hasta su terrible cueva.

Y todo esto, Juan, un niño de 8 ó 9 años, lo tuvo que leer en la cocina con el resto de la familia porque no podía estar en el cuarto solo. Era una edición para niños algo mayores, recuerdo que ya de por sí me causaba un sentimiento extraño que en algunos de esos cuentos el protagonista muriera al final.

Han pasado los años, los libros y las noches y creo que nunca he vuelto a sentir con una historia ese pavor, mezclado con el deseo irreprimible por saber lo que pasa, que me embargó con esta adaptación juvenil de algunas leyendas escandinavas. Quizás King con El resplandor (mi edición se llamaba Insólito esplendor, tenía algo de poético) o con El misterio de Salem's Lot se aproximaron a ese sentimiento pero ni Clive Barker, ni Robert Bloch.

Los últimos años me he mantenido alejado del género, tengo algunas cosas pendientes de José Carlos Somoza y de Richard Matheson. Tendré que visitarlos pronto.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

(30 libros) 27. Un libro que le regalaron y no le gustó

Ya me cansé de pensar y sigo sin recordar un libro que me hayan regalado y no me haya gustado y que amerite un reseña especial.

Vamos, si me esfuerzo puedo acudir a esos libritos que les lograba sacar a mis padres cuando era un niño necesitado de ciencia ficción y, sin ninguna información, era capaz de leer cualquier cosa. Recuerdo una colección llamada Anticipación que reunía escritores franceses que me parecieron malos de solemnidad hasta para las aspiraciones y estandares del niño que era entonces. Hasta hace poco estuvieron dando vueltas por mi casa como una curiosidad pero terminaron en la basura. Olvidados completamente, al leer algunas de las sinópsis en internet para esta entrada logré refrescar un poco mi memoria y si, eran malos, pero no como esas obras que son tan malas que se convierten en buenas, no, en realidad eran malos.

Pero no, esta salida es fácil, casi todos los lectores (especialmente los fanáticos de algún género) hemos pasado por el pulp de niños. Me he puesto a rebuscar por mi biblioteca y he conseguido unos cuantos regalos... que no he leído, más cosas para el pendiente.

martes, 27 de septiembre de 2011

(30 libros) 26. Uno que asocie con la música que le gusta

Como acabar de una vez por todas con la cultura, de Woody Allen

Esta entrada fue difícil. Es que no soy una persona muy musical que digamos; no tengo I-pod o similar, a veces pienso que cuando manejo enciendo el radio solo para no escuchar los ruidos del carro y así estresarme menos. Me gusta el blues, últimamente me gustan mucho esos grupos de música indie, ese groove semi-electrónico de África y Asia o esos grupos inclasificables con bellas voces femeninas. Me gustan esas letra divertidas como las de El Cuarteto de Nos o Kevin Johansen. También me gusta el jazz, pero ese jazz de los años 30 y 40; el swing, Louis Armstrong, Benny Goodmann, algo del cool de la costa oeste pero no soporto el bebop, ni el free jazz, ni el latin jazz...

Y hay una persona que le encanta ese jazz "antiguo" en sus películas: Woody Allen.

Y cuando pasó por mis manos este recopilatorio de sus textos que fueron publicados en la revista The New Yorker no pude dejar de ponerle música de sus películas y leerlos pensando que debería de estar escuchando Sing, sing, sing, Caravan o Take the A Train.

Si le gustan las comedias de Allen, sobre todo las que están llenas de diálogos absurdos llenos de filosofía tonta y de la búsqueda del sentido de la vida, este es un libro que deberían leerse (encontrarán cosas como un detective contratado para hallar a Dios, las memorias del barbero de Hitler o el hombre que vence a la Muerte jugando a las cartas).

Si no les gusta Allen, déjelo pasar, pero Ud. se lo pierde.

lunes, 26 de septiembre de 2011

(30 libros) 25. Uno para aprender a perder

Wilt, de Tom Sharpe

Wilt es un profesor de literatura es una escuela técnica, sus alumnos son un montón de desadaptados que bordean peligrosamente la delincuencia y están interesados en cualquier cosa menos en la literatura. Su esposa es una cuaima terrible algo tonta pero dominante. Wilt fantasea con asesinarla y una noche borracho decide practicar con una muñeca inflable. Cuando su esposa decide salir de viaje sin decirle a nadie y alguien es testigo del asesinato de la muñeca, Wilt se convierte en el único sospechoso de la policía.

Perdedor de la clase media trabajando en una escuela pública, su esposa es una perdedora que no lo sabe pero con ínfulas de clase alta y sus alumnos son un grupo de perdedores que solo desean alcanzar la edad suficiente para emborracharse legalmente (cosa que es la ocupación principal de Wilt y sus colegas). Que la policía sea más estúpida que los propios alumnos de Wilt es solo la conclusión lógica de esta crítica acida a la sociedad británica de la era Thatcher.

Al final (sin que esto sea un spoiler, ya deberíamos suponerlo) termina a salvo de toda esta serie de equívocos pero para continuar con su trabajo mal pagado, sus alumnos desmotivados y su terrible esposa. El mismo perdedor de siempre, vencedor vencido.

Este libro nos enseña a tomarlo filosóficamente, mejor si es acompañado de una cerveza en la barra de un pub.

domingo, 25 de septiembre de 2011

(30 libros) 24. Uno que no le prestaría a nadie

Coches deportivos, series años 1945-1980, de Hartmut Lehbrink, fotografía de Frank Oleski

Difícil.

Hay varios libros en casa que me sería muy difícil entregar en préstamo. Están por ejemplo los Spectrum, a los que me daría mucho dolor ver estropeados o maltratados. Están esas colecciones descatalogadas imposibles de encontrar, por ejemplo las recopilaciones de los Premios Hugo de Isaac Asimov con sus divertidas introducciones. Están algunos de los libros de fotografía como Definitive Collection de Robert Capa o The Americans de Robert Frank, imposibles de conseguir en el país y traerlos de afuera es soberanamente costoso. Y están esos libros que me traen gratos recuerdos y me daría mucha lástima perderlos, como mi edición de El Señor de los Anillos que está conmigo desde que tenía como 15 años.

Pero la verdad es que no creo que no se los prestaría "a nadie", más bien dependería mucho de quien es ese alguien que los pidiera, quizás esa persona tendría que firmar un fuerte contrato que incluiría parte de su alma en garantía pero igual se lo prestaría.

Pero si tengo que escoger algún libro que no me gustaría para nada prestar ese es Coches deportivos, series años 1945-1980, un maravilloso libro que reseña los mejores deportivos durante esos años.

En ese solo ejemplar se combinan las características anteriores: la fotografía es suprema; fotos de gran formato en cada página de los autos en hermosos paisajes, la reseña de cada vehículo está más allá de las especificaciones técnicas, están llenas de anécdotas curiosas y comentarios divertidos, el libro está descatalogadísimo, imposible de conseguir y, quizás lo que es más importante, fue un regalo hace años de Maru, un regalo que nunca me canso de curiosear y volver a visitar.

Me encanta los autos clásicos y si el mismo es un deportivo, 10 veces más. Tuve una época muy fanatico del motor y este libro llegó durante su climax y la verdad es que lo disfruté un montón y aún lo sigo haciendo.

Le tengo mucho cariño, fue un regalo muy bien escogido.

sábado, 24 de septiembre de 2011

(30 libros) 23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez

Aterrizaje en la Luna, de Hergé.

Facha, reaccionario, lleno de prejuicios y estereotipos. Acusado de colaboracionista después de la guerra, no fue hasta 1973 que Hergé se arrepintió públicamente de sus antiguas creencias políticas.

Pero eso no importa cuando eres un niño, disfruté un montón con sus historias y durante muchos años la ilustración de línea clara era mi meta al dibujar cualquier cosa. Con los años me fui dando cuenta de que algo chirriaba en esas historias, especialmente en las primeras aunque las últimas se hacían más políticamente correctas, y poco a poco las fui viendo con un ojo mucho más crítico.

Quizás Aterrizaje en la Luna no sea mi preferido (en realidad si tengo que escoger uno creo que sería El asunto Tornasol), pero con este tomo llegué a Tintín y para mi fue un descubrimiento casi mágico la calidad del dibujo, el grado de investigación y estudio que mostraba Hergé en sus trabajos y el cuidado con que diseñaba cada viñeta (acostumbrado como estaba a leer los Kalimán de mis tíos o los suplementos del periódico del domingo).

¿Cuantos recuerdos volverán a mi memoria cuando en plena vejez me siente a disfrutar de nuevo, como un niño, de las aventuras en ese enorme cohete rojiblanco con motor atómico y esos trajes espaciales color naranja?

viernes, 23 de septiembre de 2011

(30 libros) 22. Uno de poemas (no valen antologías).

Paso

Ya lo había predicho hace algún tiempo, tenía que haber alguno que no contestaría.

La verdad es que no leo poesía, cuando la encuentro en algún libro, a menos que sea parte fundamental de la trama, la salto.

Intenté encontrar alguno en prosa que pudiera cuadrar en la categoría pero me faltó inspiración, casi es como si me hubieran pedido 'Un libro de autoayuda'.

jueves, 22 de septiembre de 2011

(30 libros) 21. Uno de cuentos (no valen antologías).

Quemando Cromo, de William Gibson
"Hacía calor, la noche que quemamos a Cromo"

Me gusta el cyberpunk.

Casi pareciera una declaración de principios, pero si algo he descubierto navegando por internet es que pareciera que pertenezco a una minoría. Además, pertenezco a otra minoría: excepto algunas excepciones, me gusta lo que escribe Gibson.

Entonces, si usted quiere entrar al universo del cyberpunk (y odiarlo o amarlo) y además conocer a Gibson en las distancias cortas, una buena opción es Quemando Cromo; una recopilación de sus primeros relatos, 10 historias (algunas en colaboración) de cuando el sub-género estaba en ascenso, antes de que llegara a su cima y se quemara entre sopotocientas malas copias.

No hay que dejarse asustar por las versiones cinematográficas (el caso de Jhonny Mnemónico y Hotel New Rose); no les llegan ni de cerca a los cuentos. Combate aéreo y Quemando Cromo hablan de la soledad en la sociedad moderna y van mucho más allá de los fuegos de artificio del cyberpunk tradicional y el Continuo Gernsback es una fantasía psicodélica perfecta para los que siempre nos quejamos de que éste no es el futuro que nos prometieron hace 50 años.

El mundo actual está conectado, es sucio, tecnológico y ubicuo.

Como en el cyberpunk.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

(30 libros) 20. Uno que lo haya sorprendido por malo

El bisturí de Darwin, de Dan Simmons

Darwin Minor es licenciado en física y trabaja intentando descubrir fraudes a las compañías de seguros analizando extraños accidentes. Como buen thriller que se precie, Darwin descubrirá una conspiración por parte de unas mafias para cobrar seguros llevándose a unos cuantos asegurados por el medio. Por supuesto, las mafias en este caso intentarán llevarse por el medio al mismo Darwin.

Empieza bastante bien, unos casos sacados del Premio Darwin al que homenajea en el título y unos personajes algo extraños y singulares, pero poco a poco la historia comienza a bajar en picada; resulta que Darwin Minor no solo es un doctor en física muy inteligente, además es excelente piloto de autos y hace milagros en las persecuciones (y hasta acá la cosa es soportable)... entonces nos enteramos que Darwin Minor es un ex-comando del ejército y excelente francotirador (con un pasado muy oscuro en Vietnam) y hacerlo molestar es despertar al monstruo. Y a partir de ese momento uno decide llegar al final del libro porque hay que hacerlo.

¿Y por qué la sorpresa con algo que desde lejos parece un thriller best-sellero? Porque Dan Simmons es el autor de cosas como Hyperion, Ilión, Olympo y La Canción de Kali y en realidad uno esperaría algo mejor que esto que parece salido de la pluma de Dan Brown o de una película de J. J. Abrams.

martes, 20 de septiembre de 2011

(30 libros) 19. Uno que lo haya sorprendido por bueno

El Perro de la Guerra y el Dolor del Mundo, de Michael Moorcock

Si el arrepentimiento y el perdón están al alcance de cualquiera ¿Puede Lucifer arrepentirse y desear regresar al lado de Dios en el Paraíso?

Ulrich von Beck, capitán mercenario (un perro de la guerra) durante la Guerra de los Treinta Años obtendrá la salvación de su alma si ayuda al demonio a encontrar el Santo Grial y de esta forma liberar a la humanidad del Dolor del Mundo.

La premisa del libro es genial, la longitud es perfecta -un libro bastante contenido para lo que acostumbran estas novelas de fantasía épica-, la ambientación en esa extraña Marca o mundo paralelo es fascinante y la resolución del dilema una maravilla -si Lucifer ya no es la fuente del mal ¿a quién se le echa la culpa?-

¿Y por qué es una sorpresa?

Porque después de leer los tres libros de las Crónicas del Campeón Eterno y los cuatro de la serie del Bastón Rúnico, fue una grata sorpresa ver que Moorcock podía escribir otra cosa más allá del mismo guión con distintos personajes y resolver el final con algo mejor que la gran batalla final de buenos versus malos.

Vamos, que es un libro tan bueno que no parece escrito por Michael Moorcock.

lunes, 19 de septiembre de 2011

(30 libros) 18. El que más veces ha leído.

El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien

Recuerdo exactamente como llegué a El Señor de los Anillos; fue alrededor de 1983 mediante una de esas revistas del Círculo de Lectores que mensualmente le llegaban a mi madre.

No tenía ni idea de que iba el libro, no sabía quien era Tolkien (aunque el nombre era bastante pintoresco y me encantaban ese montón de iniciales) pero en la descripción leí algo así como "creador de toda una mitología coherente en pleno siglo XX" y la idea me fascinó. La convencí de que me comprara el primer tomo (la imagen a la izquierda) y cuando empecé a leerlo fue para mí una especie de epifanía.

Era una historia de trasgos, dragones, espectros, guerreros y héroes, igual que esas leyendas nórdicas y películas de fantasía de caballeros que tanto me gustaban, pero había una especie de profundidad en la trama a la que no estaba acostumbrado; la historia era una pequeña parte de una historia mayor que apenas se vislumbraba, me estaban contando el final de la Tercera Edad de un mundo que no era el nuestro pero hasta cuando hablaban en esos idiomas extraños sonaba real, tenía sustancia.

Cuando pude dejar atrás la introducción acerca de los hobbits y su mundo y la fiesta de Bilbo de despedida (no lo puedo negar, el libro es lento en arrancar) y por fin empieza Frodo su misión, perseguido de cerca por esos extraños jinetes que parecieran olfatearlo, descubro que poco a poco lo que pareciera una simple aventura se convierte en una historia mayor, llena de épica y gloria, grandes personajes y traiciones rastreras. Entonces me fue imposible despegarme del libro… y lo terminé… y no tenía los otros en mis manos, así que para aliviar el síndrome de abstinencia no me quedó más remedio que volver a leer ese primer tomo.

Luego llegaron los dos siguientes y los terminé y no recuerdo si fue inmediatamente o tiempo después, pero los volví a leer ¿Cuántas veces? No sé, quizás cuatro o cinco veces de principio a fin a lo largo de diversos años, y múltiples veces volvía a visitarlo por fragmentos y capítulos.

Y mientras dibujaba escenas y personajes pensaba que no era posible, en algún lugar tenían que estar escritas esas leyendas y esa gran historia que se mencionaba al vuelo; la caída Númenor, Isildur y Elendil, Gil-Galad, Belen y Luthien y esos reyes brujos que se convirtieron en espectros esclavos al vender su alma por poder. Tenía que existir ese Libro Rojo de la Frontera Oeste.

Mucho más tarde descubriría que existía El Silmarillion pero esa es otra historia.

domingo, 18 de septiembre de 2011

(30 libros) 17.Uno de este año.

Réplica, de Ronald Delgado

¿Editado este año? ¿Comprado este año? ¿Leído este año?

Asumiendo lo primero, la verdad es que viendo el panorama de la importación de libros en el país y el tipo de oferta de las editoriales nacionales es casi un milagro que pueda tener algo que mostrar. Y la verdad es que he tenido suerte, Ronald Delgado publicó una pequeña recopilación con sus cuentos y amablamente me ha regalado un tomo.

Cinco cuentos:

El nuevo juguete de María, sentimental y nostálgico, un cuento que me recuerda a Simak o Aldiss.
Un buen día para morir, fantasía dark con giro final, aunque algo predecible, no importa, un divertido ejercicio de estilo.
Burbujas en el espacio-tiempo, ciencia ficción humorística, rápido y divertido.
La hacemos a su medida, ¿todo podrá ser comprado en el futuro, incluso una religión con sus fieles incluidos?
Réplica, soldados inmortales en una guerra interminable (algo no me cuadra al final, debo recordar preguntarle a Ronald).

Libro pequeño pero concentrado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

(30 libros) 16. Uno ruso que sí haya leído.

Tarás Bulba, Nikolai Gogol

Yo supongo que cuando se habla de "uno ruso" se están hablando de Rusos así en mayúscula, o sea Tolstoi, Dostoyevski, Chejov o cualquiera de esos que la gente alaba pero nadie ha leído y no de Sergei Lukianenko o los hermanos Strugatski, que nadie conoce pero si he leído.

Pero si, a pesar de haber empezado tres veces Guerra y Paz y haber abandonado quien sabe en qué momento Los hermanos Karamazov, hay una novela de "un ruso" que si he leído, Tarás Bulba.

¿De qué va? Casi ni recuerdo; se que Tarás Bulba era un jefe cosaco y en esa época la principal diversión era matar judíos y polacos (y si eran las dos cosas al mismo tiempo, al parecer doblemente divertido). Recuerdo que Tarás Bulba mata a uno de sus hijos en batalla (lo había traicionado por amor) y que al final muere al ser capturado pero los detalles se me escapan.

Pero algunas cosas quedaron en mi mente; recuerdo las descripciones de las batallas como fascinantes y emocionantes, el horror dentro de una ciudad sitiada y la gente muriéndose de hambre, la normalidad y crudeza con que se describe la violencia, odio y el racismo con que los cosacos trataban a judíos y a todos aquellos que "no se persignan de derecha a izquierda" (esa frase también la recuerdo).

Notable el hecho de que a pesar de la crueldad y barbarismo de sus personajes, la novela fuese alabada como una obra nacionalista, curiosa manera de escoger sus héroes tienen algunos pueblos.

viernes, 16 de septiembre de 2011

(30 libros) 15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.

El manantial, de Ayn Rand

Y aquí también voy a hacer trampas.

No es un libro que haya amado pero por lo menos me gustó...y bastante; la historia de ese arquitecto incapaz de vender en lo más mínimo sus ideales, enfrentado prácticamente contra todos por lo que él considera verdadera arquitectura, sin retroceder en lo más mínimo ni otorgar nada a nadie (incluyendo derribar su propio edificio que fue cambiado por los constructores), tiene que resultar, como mínimo, atractiva para cualquier adolescente que se cree dueño de la verdad en un mundo donde gobiernan los mayores incapaces de aceptar que están equivocados.

Si a esto lo juntamos con el amor tormentoso por una mujer que pareciera más bien burlarse del protagonista aunque en realidad lo que hace es ponerle metas para que el mismo se supere y alcance ese objetivo más elevado, pues el plato está servido.

Pero hoy en día, el hecho de que todos los rivales del protagonistas sean unos imbéciles malvados, me parece una manera ramplona de Rand para patrocinar sus ideas de ese "egoísmo racional" que tanto defendía (tendencioso creo que lo llaman).

Con el tiempo me he puesto viejo, me he dado cuenta de que muchos artistas sufren de exceso de ego a pesar de ser mediocres (y ese exceso de ego no los hace mejores artistas), que no necesariamente el esfuerzo individual lleva a la superación, que a veces los dados están cargados en contra (y a veces a favor) y que asegurar que solo el individualismo extremo ha logrado los beneficios y avances de los que disfruta la humanidad es, como mínimo, una exageración burda.

Y que debe haber algo masoquista (por no decir estúpido) en amar a una mujer que solo insiste en ponerte pruebas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

(30 libros) 14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.

Philip K.Dick

Acá voy a hacer trampas (en algún momento tenía que suceder, ya lo había alargado mucho). Pero para algo ha servido, me he dado cuenta de que no suelo darle segundas oportunidades a los libros. Si el mismo no me gusta no le doy el beneficio de la duda.

Pero para no dejar el punto vacio he decidido comentar un autor al que originalmente odiaba y al que poco a poco he aprendido a respetar a pesar de que aún no es santo de mi devoción. Philip Kendrid Dick se llamaba, Philip K. Dick se le conoce (manía de los gringos con eso de las iniciales).

Cuando comencé con esto de la ciencia ficción, apenas un adolescente, tuve la suerte de conseguir en la librería de Sears muchos tomos de la colección negra de Martínez Roca. En esa época no sabía nada de autores ni libros, en general uno se lanzaba al vacio solo leyendo las notas detrás del libro (peor era cuando apareció Orbis, no decían nada de nada).

Fue de esta suerte que terminaron en mis manos Los tres estigmas de Palmer Eldrich y La penúltima verdad y así comenzó mi odio por este escritor que mezclaba metafísica y religión con una ciencia ficción que tiene muy poco de ciencia y al que le encantaba jugar con lo que parece real pero en verdad no lo es o contar realidades que mutan sin explicación como ocurre en sueños y pesadillas.

Demasiado para un adolescente que prefería la racionalidad del Buen Doctor o el anarquismo de derechas del facha Robert.

Con los años he aprendido a respetar a Dick, fue un escritor a contracorriente, su manera de tratar la ciencia ficción era distinta al resto, puede no ser de mi agrado pero era 100% original. Aunque logró ser publicado en revistas y en libros nunca ganó mucho dinero con sus escritos pero se mantuvo firme. Ser esquizofrénico, adicto a las drogas e intentar reflejar todo esto en tus novelas no debe ser fácil para nadie.

Algunos relatos cortos como Impostor son geniales, leí Ubik hace poco y no puedo decir que no me haya gustado. Tengo El hombre en el castillo entre los pendientes y juro que algún día lo voy a leer.

Curiosamente es uno de los escritores en el que más se empeñan los productores y directores en llevar al cine con resultados generalmente desastrosos (no es un estilo que pueda ser reflejado correctamente en la gran pantalla) con la excepción de ese clásico llamado Blade Runner que curiosamente guarda muy poco de semejanza con la novela que lo inspira.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

(30 libros) 13. El primer libro que leyó en su vida.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

Tratando de indagar en esa bruma borrosa en que se convierte la infancia a medida que nos hacemos viejos, creo recordar que El principito fue el primer libro que leí que se pueda considerar "un libro". Había leído cuentos infantiles e historietas, pero tomar un libro y leerlo de principio a fin, casi seguro que fue este.

Lo que fue un error.

La verdad es que no me gustó para nada. Era un niño, se me escaparon todas las metáforas acerca de la vida, de las preocupaciones de los adultos, del amor, la vanidad y el egoísmo y solo recuerdo como me hizo sentir mal el hecho de que el protagonista muere cuando lo muerde una serpiente que había dicho ser su amiga.

Más nunca intenté leerlo.

Curiosamente hice una breve encuesta y varios conocidos tuvieron una experiencia similar: primer libro y ningún recuerdo grato.

Error muy común: no es un libro infantil.

martes, 13 de septiembre de 2011

(30 libros) 12. Una biografía.

Autobiografía, de Helmut Newton

Poco sabía de la vida de Helmut Newton hasta que cayó en mis manos este libro de quien fue uno de los mejores fotógrafos de moda que ha existido.

Famoso por su irreverencia y provocación, lo conocía por algunos de sus trabajos más representativos, pero hasta que llegó a mis manos esta biografía, puño y letra del mismo Newton, no había imaginado la asombrosa, agitada, sufrida y a la vez divertida vida que tuvo.

Una vida de película; sin vergüenzas narra su juventud en Alemania, su huida a China con apenas 18 años escapando de la persecución nazi, solo, sin prácticamente un marco en el bolsillo y sin profesión excepto su cámara y su fascinación por la misma. Como se detuvo en Singapur y sobrevivió como gigoló y fotógrafo a destajo. Su siguiente huida a Australia cuando empezó la guerra, prisionero alemán de los australianos, logra salir del centro de detención entrando al ejército australiano donde se las arregló para no hacer nada aparentando que hacía. Sus primeros trabajos para las revistas de moda de Australia en la post-guerra y sus contratos más importantes en Francia y Nueva York trabajando principalmente para Vogue y Elle.

Newton tenía una gracia innata en la vida que le ayudó a sobrevivir como un judío exiliado sin nacionalidad y esa gracia se refleja en este libro, se deja leer y es el testimonio de un hombre que se sobrepuso a las dificultades con inteligencia y esfuerzo y supo burlarse con ironía de ese mismo mundo de la moda y el glamour que le pagaba las cuentas del Porsche.

lunes, 12 de septiembre de 2011

(30 libros) 11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar

Nueva York, recetas auténticas en homenaje a la cocina del mundo, de Williams-Sonoma

Decisión difícil, pienso que hay montones de libros que me han motivado a visitar algún lugar, desde Tolkien y su Tierra Media hasta el San Francisco de Christopher Moore. Lo he pensado mucho y hay algo que definitivamente pesa (y genera peso): la comida. En todos los últimos viajes que he realizado comer bien se ha convertido en uno de los objetivos primordiales de ese viaje, Maru y yo planeamos los viajes buscando por internet y en guías sitios para meter las piernas y darse un buen gusto.

Y cuando estaba pensando en que libro me había motivado a visitar un sitio y prácticamente me había decidido por Andrea Camilleri y su inspector sibarita Salvo Montalbano, se me ha encendido el bombillo y me he dado cuenta de que no hay nada, en este reto, que me obligue a que el libro en cuestión sea una novela.

Y si hay un libro que nos ha invitado a visitar no solo un lugar, si no un lugar que es múltiples lugares, es el especial de comida de Nueva York de la gente de Williams-Sonoma.

No solo es un libro de recetas, es un libro de historia de la cocina neoyorquina, de sus tragos, de sus lugares, de sus locales, clásicos y modernos, lleno de anécdotas y recomendaciones. La filosofía del libro no es solo recomendar un plato, es indicar donde lo podrías comer, una breve descripción del sitio y, por supuesto, "aderezado" con una excelente fotografía. Y aunque pareciera un libro bastante snob, sus recomendaciones no se mueven por las tantas estrellas Michelín, van desde el puesto de la calle más sencillo a los restaurantes más costosos (gracias a este libro y a la famosa escena de una película creo que debo haber probado el mejor pastrami de mi vida).

Y hay que recordar que un paseo gastronómico por Nueva York es un paseo gastrónomico por todo el mundo; italiana, china, thai o judía, el que no babee con este libro es que no tiene corazón. Un libro que no solo incita a visitar esta ciudad si no cada una de sus calles y barrios.