
Harry Potter and the Deathly Hallows
J. K. Rowling, 2007
Editorial Salamandra, 2008
Traducctor: Gemma Rovira
Y se acabó...
¿Por qué alguien empieza a fumar? ¿Curiosidad? y entonces te jodiste y quedaste enganchado, después de eso lo único que haces es justificarte, inventar excusas, sabiendo que el placer de fumar es una cosa eventual que dura lo que dura el cigarrillo y que en verdad no es gran cosa, en realidad hasta hace daño y millones en el mundo viven sin el vicio, que no deja de ser un vicio algo tonto.
Supongo que lo mismo pasa con el niño mago, te lees el primero, si te gusta sigues, si te da nauseas, lo dejas. No son una gran obra literaria, el mundo construido, a pesar de ser simpático, curioso y divertido, presenta huecos y fisuras en los que muchas veces hay que hacer un esfuerzo para que tu nivel de suspensión de la realidad pueda saltarlos y continuar con la historia, y estos agujeros van creciendo a medida que aparecen los libros subsiguientes y la trama se complica.
Pero el asunto es que la historia engancha, quizá sea algo genético, como con las adicciones, pero la verdad es que uno se siente un niño leyéndola y la disfruta. Me lleva a lo que significó para mi descubrir La isla del tesoro cuando era un niño y quedarme leyendo hasta altas horas de la noche solo para saber que pasaba con los sitiados en el fortín (¿Viejo inmaduro que es uno?).
Con este libro se acaba la serie...y se agradece, de la novedad y frescura de los primeros poco a poco la Rowling se fue enredando para terminar resolviendo todos esos enigmas y conflictos agregando deux-ex-machinas a granel. Da verdadera lástima que lo que pudo ser el mejor personaje de la serie, Severus Snape, haya sido explicado en apenas cuatro páginas con el recurso del pensadero, artilugio mágico que guarda los recuerdos, o que para el pasado de Dumbledore se haya tenido que inventar un hermano que no apareció nunca en los seis tomos anteriores. Pero el punto a favor, muy a favor considerando que es una "obra infantil": ni Dumbledore era una joya, ni Snape un malvado traidor, ni Harry el Señor de todas las cosas (aunque si un carajito con bastante suerte) y Rowling hace el esfuerzo por justificar sus actos en el contexto de personas producto de sus circunstancias.
Pues eso, fin de una serie que hizo millonaria a su autora y que extrañamente capturó a millones de lectores con una fantasía que no es mejor ni peor que mucha de la que se consigue en los anaqueles pero, lo que no se puede negar, posee unos personajes complejos; llenos de contradicciones, buenos no tan buenos, malos no tan malos, traiciones y sacrificios, niños y adolescentes bien construidos y una historia que no considera a sus lectores infantiles como idiotas chiquitos.
¡Avada Kedabra!


