El mundo y sus demonios, de Carl Sagan
Creo que unas de las tantas causas de muertes inútiles en el mundo son la superstición, las creencias dogmáticas en religión y en política y el desconocimiento de como es el verdadero pensamiento científico. Se me ocurre pensar que un libro como El mundo y sus demonios de Carl Sagan debería servir para acabar con esto, aunque sea en una pequeña fracción, pero a veces me pregunto si esta clase de libros los lee quien debe leerlos.
Que no soy yo precisamente quien necesita leerlos (que me cuesta imaginar algún creyente leyendo Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell, por ejemplo) y pienso si está clase de reflexiones solo terminan dando vueltas en el club de los racionalistas o por el contrario de alguna forma llegan a tocar, aunque sea para crear alguna pequeña comezón mental, las cabezas de tantos creyentes de teorías pseudocientíficas y propagadores de falacias.
Mi esperanza es que si, aunque sea en una mínima proporción, libros como el de Sagan ayudan a que alguien se de cuenta de algunos dogmas estúpidos que carga por pura costumbre y entienda que una transfusión de sangre no va a ocasionar su perdición en el Purgatorio, que ese cáncer tiene mejores probabilidades de curar con algo mejor que unos ramazos de ruda, que no hay poderes ocultos en santos sudarios o en collares de piedritas de colores y que no van a venir ningunos extraterrestres a rescatar su alma luego de ese suicidio colectivo.
O quizás no, quizás debí escoger para esta entrada un manual de primeros auxilios y dejarme de pendejadas.
Pensamientos irreflexivos de un obstinado que odia a la humanidad
y tiene muy mala ortografía
sábado, 1 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
(30 libros) 29.Uno que se haya robado
Los carteles, su historia y lenguaje, de J. Barnicoat
Eso de estudiar en otra ciudad y tener que vivir en una pensión no se lo recomiendo a nadie. Compañeros de habitación borrachos, peleas de parejas y robos de comida en esa nevera comunal son algunas de las cosas que hay que calarse.
Claro, tiene sus ventajas, existe la oportunidad de conocer un mundo de personajes con los que normalmente no te encontrarías. Por ejemplo, entre los que recuerdo, un estudiante de filosofía bastante singular, un antiguo guardia nacional empleado de un banco (muy buenas sus anécdotas), un licenciado en música amante del rock sinfónico y eterno despechado y por breve tiempo un maracucho diseñador gráfico que venía pocos días al mes a Caracas para hacerle unos trabajos a un partido político.
A través de éste último llegó a mis manos este libro que es una historia del afiche desde sus orígenes a finales del siglo XIX y toda su popularización y desarrollo a lo largo del siglo XX.
Y no es que me lo haya robado, no no no, se lo pedí prestado y por un proceso natural en el orden de cualquier habitación (que casualmente ocurrió cuando me dijo que no regresaba a Caracas) el libro terminó escondido debajo de un grueso tomo de cálculo y otro de amplificadores operacionales y, qué cosas, nunca regresó con su dueño.
Pero juro que si me lo hubiera pedido se lo hubiera devuelto.
Por este puño de cruces.
Eso de estudiar en otra ciudad y tener que vivir en una pensión no se lo recomiendo a nadie. Compañeros de habitación borrachos, peleas de parejas y robos de comida en esa nevera comunal son algunas de las cosas que hay que calarse.
Claro, tiene sus ventajas, existe la oportunidad de conocer un mundo de personajes con los que normalmente no te encontrarías. Por ejemplo, entre los que recuerdo, un estudiante de filosofía bastante singular, un antiguo guardia nacional empleado de un banco (muy buenas sus anécdotas), un licenciado en música amante del rock sinfónico y eterno despechado y por breve tiempo un maracucho diseñador gráfico que venía pocos días al mes a Caracas para hacerle unos trabajos a un partido político.
A través de éste último llegó a mis manos este libro que es una historia del afiche desde sus orígenes a finales del siglo XIX y toda su popularización y desarrollo a lo largo del siglo XX.
Y no es que me lo haya robado, no no no, se lo pedí prestado y por un proceso natural en el orden de cualquier habitación (que casualmente ocurrió cuando me dijo que no regresaba a Caracas) el libro terminó escondido debajo de un grueso tomo de cálculo y otro de amplificadores operacionales y, qué cosas, nunca regresó con su dueño.
Pero juro que si me lo hubiera pedido se lo hubiera devuelto.
Por este puño de cruces.
jueves, 29 de septiembre de 2011
(30 libros) 28.Uno que le haya asustado
Leyendas Nórdicas
Beowulf, príncipe de los geatas, decide, contra todas las recomendaciones y avisos, dormir en el salón del rey Hrothgar y después de la parranda, cuando todos duermen la borrachera a pierna suelta como vikingo que se respete, un terrible monstruo entra al castillo para llevarse a rastras a uno de los compinches. Beowulf no se amilana y se enfrenta a Grendel (así se llamaba el monstruo en cuestión) cuerpo a cuerpo arrancándole un brazo en la pelea. La noche siguiente la madre del monstruo (son feos pero tienen su corazoncito) decide vengarlo y mata a unos de los amigos de Beowulf y entonces este persigue a la madre hasta su terrible cueva.
Y todo esto, Juan, un niño de 8 ó 9 años, lo tuvo que leer en la cocina con el resto de la familia porque no podía estar en el cuarto solo. Era una edición para niños algo mayores, recuerdo que ya de por sí me causaba un sentimiento extraño que en algunos de esos cuentos el protagonista muriera al final.
Han pasado los años, los libros y las noches y creo que nunca he vuelto a sentir con una historia ese pavor, mezclado con el deseo irreprimible por saber lo que pasa, que me embargó con esta adaptación juvenil de algunas leyendas escandinavas. Quizás King con El resplandor (mi edición se llamaba Insólito esplendor, tenía algo de poético) o con El misterio de Salem's Lot se aproximaron a ese sentimiento pero ni Clive Barker, ni Robert Bloch.
Los últimos años me he mantenido alejado del género, tengo algunas cosas pendientes de José Carlos Somoza y de Richard Matheson. Tendré que visitarlos pronto.
Beowulf, príncipe de los geatas, decide, contra todas las recomendaciones y avisos, dormir en el salón del rey Hrothgar y después de la parranda, cuando todos duermen la borrachera a pierna suelta como vikingo que se respete, un terrible monstruo entra al castillo para llevarse a rastras a uno de los compinches. Beowulf no se amilana y se enfrenta a Grendel (así se llamaba el monstruo en cuestión) cuerpo a cuerpo arrancándole un brazo en la pelea. La noche siguiente la madre del monstruo (son feos pero tienen su corazoncito) decide vengarlo y mata a unos de los amigos de Beowulf y entonces este persigue a la madre hasta su terrible cueva.
Y todo esto, Juan, un niño de 8 ó 9 años, lo tuvo que leer en la cocina con el resto de la familia porque no podía estar en el cuarto solo. Era una edición para niños algo mayores, recuerdo que ya de por sí me causaba un sentimiento extraño que en algunos de esos cuentos el protagonista muriera al final.
Han pasado los años, los libros y las noches y creo que nunca he vuelto a sentir con una historia ese pavor, mezclado con el deseo irreprimible por saber lo que pasa, que me embargó con esta adaptación juvenil de algunas leyendas escandinavas. Quizás King con El resplandor (mi edición se llamaba Insólito esplendor, tenía algo de poético) o con El misterio de Salem's Lot se aproximaron a ese sentimiento pero ni Clive Barker, ni Robert Bloch.
Los últimos años me he mantenido alejado del género, tengo algunas cosas pendientes de José Carlos Somoza y de Richard Matheson. Tendré que visitarlos pronto.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
(30 libros) 27. Un libro que le regalaron y no le gustó
Ya me cansé de pensar y sigo sin recordar un libro que me hayan regalado y no me haya gustado y que amerite un reseña especial.
Vamos, si me esfuerzo puedo acudir a esos libritos que les lograba sacar a mis padres cuando era un niño necesitado de ciencia ficción y, sin ninguna información, era capaz de leer cualquier cosa. Recuerdo una colección llamada Anticipación que reunía escritores franceses que me parecieron malos de solemnidad hasta para las aspiraciones y estandares del niño que era entonces. Hasta hace poco estuvieron dando vueltas por mi casa como una curiosidad pero terminaron en la basura. Olvidados completamente, al leer algunas de las sinópsis en internet para esta entrada logré refrescar un poco mi memoria y si, eran malos, pero no como esas obras que son tan malas que se convierten en buenas, no, en realidad eran malos.
Pero no, esta salida es fácil, casi todos los lectores (especialmente los fanáticos de algún género) hemos pasado por el pulp de niños. Me he puesto a rebuscar por mi biblioteca y he conseguido unos cuantos regalos... que no he leído, más cosas para el pendiente.
Vamos, si me esfuerzo puedo acudir a esos libritos que les lograba sacar a mis padres cuando era un niño necesitado de ciencia ficción y, sin ninguna información, era capaz de leer cualquier cosa. Recuerdo una colección llamada Anticipación que reunía escritores franceses que me parecieron malos de solemnidad hasta para las aspiraciones y estandares del niño que era entonces. Hasta hace poco estuvieron dando vueltas por mi casa como una curiosidad pero terminaron en la basura. Olvidados completamente, al leer algunas de las sinópsis en internet para esta entrada logré refrescar un poco mi memoria y si, eran malos, pero no como esas obras que son tan malas que se convierten en buenas, no, en realidad eran malos.
Pero no, esta salida es fácil, casi todos los lectores (especialmente los fanáticos de algún género) hemos pasado por el pulp de niños. Me he puesto a rebuscar por mi biblioteca y he conseguido unos cuantos regalos... que no he leído, más cosas para el pendiente.
martes, 27 de septiembre de 2011
(30 libros) 26. Uno que asocie con la música que le gusta
Como acabar de una vez por todas con la cultura, de Woody Allen
Esta entrada fue difícil. Es que no soy una persona muy musical que digamos; no tengo I-pod o similar, a veces pienso que cuando manejo enciendo el radio solo para no escuchar los ruidos del carro y así estresarme menos. Me gusta el blues, últimamente me gustan mucho esos grupos de música indie, ese groove semi-electrónico de África y Asia o esos grupos inclasificables con bellas voces femeninas. Me gustan esas letra divertidas como las de El Cuarteto de Nos o Kevin Johansen. También me gusta el jazz, pero ese jazz de los años 30 y 40; el swing, Louis Armstrong, Benny Goodmann, algo del cool de la costa oeste pero no soporto el bebop, ni el free jazz, ni el latin jazz...
Y hay una persona que le encanta ese jazz "antiguo" en sus películas: Woody Allen.
Y cuando pasó por mis manos este recopilatorio de sus textos que fueron publicados en la revista The New Yorker no pude dejar de ponerle música de sus películas y leerlos pensando que debería de estar escuchando Sing, sing, sing, Caravan o Take the A Train.
Si le gustan las comedias de Allen, sobre todo las que están llenas de diálogos absurdos llenos de filosofía tonta y de la búsqueda del sentido de la vida, este es un libro que deberían leerse (encontrarán cosas como un detective contratado para hallar a Dios, las memorias del barbero de Hitler o el hombre que vence a la Muerte jugando a las cartas).
Si no les gusta Allen, déjelo pasar, pero Ud. se lo pierde.
Esta entrada fue difícil. Es que no soy una persona muy musical que digamos; no tengo I-pod o similar, a veces pienso que cuando manejo enciendo el radio solo para no escuchar los ruidos del carro y así estresarme menos. Me gusta el blues, últimamente me gustan mucho esos grupos de música indie, ese groove semi-electrónico de África y Asia o esos grupos inclasificables con bellas voces femeninas. Me gustan esas letra divertidas como las de El Cuarteto de Nos o Kevin Johansen. También me gusta el jazz, pero ese jazz de los años 30 y 40; el swing, Louis Armstrong, Benny Goodmann, algo del cool de la costa oeste pero no soporto el bebop, ni el free jazz, ni el latin jazz...
Y hay una persona que le encanta ese jazz "antiguo" en sus películas: Woody Allen.
Y cuando pasó por mis manos este recopilatorio de sus textos que fueron publicados en la revista The New Yorker no pude dejar de ponerle música de sus películas y leerlos pensando que debería de estar escuchando Sing, sing, sing, Caravan o Take the A Train.
Si le gustan las comedias de Allen, sobre todo las que están llenas de diálogos absurdos llenos de filosofía tonta y de la búsqueda del sentido de la vida, este es un libro que deberían leerse (encontrarán cosas como un detective contratado para hallar a Dios, las memorias del barbero de Hitler o el hombre que vence a la Muerte jugando a las cartas).
Si no les gusta Allen, déjelo pasar, pero Ud. se lo pierde.
lunes, 26 de septiembre de 2011
(30 libros) 25. Uno para aprender a perder
Wilt, de Tom Sharpe
Wilt es un profesor de literatura es una escuela técnica, sus alumnos son un montón de desadaptados que bordean peligrosamente la delincuencia y están interesados en cualquier cosa menos en la literatura. Su esposa es una cuaima terrible algo tonta pero dominante. Wilt fantasea con asesinarla y una noche borracho decide practicar con una muñeca inflable. Cuando su esposa decide salir de viaje sin decirle a nadie y alguien es testigo del asesinato de la muñeca, Wilt se convierte en el único sospechoso de la policía.
Perdedor de la clase media trabajando en una escuela pública, su esposa es una perdedora que no lo sabe pero con ínfulas de clase alta y sus alumnos son un grupo de perdedores que solo desean alcanzar la edad suficiente para emborracharse legalmente (cosa que es la ocupación principal de Wilt y sus colegas). Que la policía sea más estúpida que los propios alumnos de Wilt es solo la conclusión lógica de esta crítica acida a la sociedad británica de la era Thatcher.
Al final (sin que esto sea un spoiler, ya deberíamos suponerlo) termina a salvo de toda esta serie de equívocos pero para continuar con su trabajo mal pagado, sus alumnos desmotivados y su terrible esposa. El mismo perdedor de siempre, vencedor vencido.
Este libro nos enseña a tomarlo filosóficamente, mejor si es acompañado de una cerveza en la barra de un pub.
Wilt es un profesor de literatura es una escuela técnica, sus alumnos son un montón de desadaptados que bordean peligrosamente la delincuencia y están interesados en cualquier cosa menos en la literatura. Su esposa es una cuaima terrible algo tonta pero dominante. Wilt fantasea con asesinarla y una noche borracho decide practicar con una muñeca inflable. Cuando su esposa decide salir de viaje sin decirle a nadie y alguien es testigo del asesinato de la muñeca, Wilt se convierte en el único sospechoso de la policía.
Perdedor de la clase media trabajando en una escuela pública, su esposa es una perdedora que no lo sabe pero con ínfulas de clase alta y sus alumnos son un grupo de perdedores que solo desean alcanzar la edad suficiente para emborracharse legalmente (cosa que es la ocupación principal de Wilt y sus colegas). Que la policía sea más estúpida que los propios alumnos de Wilt es solo la conclusión lógica de esta crítica acida a la sociedad británica de la era Thatcher.
Al final (sin que esto sea un spoiler, ya deberíamos suponerlo) termina a salvo de toda esta serie de equívocos pero para continuar con su trabajo mal pagado, sus alumnos desmotivados y su terrible esposa. El mismo perdedor de siempre, vencedor vencido.
Este libro nos enseña a tomarlo filosóficamente, mejor si es acompañado de una cerveza en la barra de un pub.
domingo, 25 de septiembre de 2011
(30 libros) 24. Uno que no le prestaría a nadie
Coches deportivos, series años 1945-1980, de Hartmut Lehbrink, fotografía de Frank Oleski
Difícil.
Hay varios libros en casa que me sería muy difícil entregar en préstamo. Están por ejemplo los Spectrum, a los que me daría mucho dolor ver estropeados o maltratados. Están esas colecciones descatalogadas imposibles de encontrar, por ejemplo las recopilaciones de los Premios Hugo de Isaac Asimov con sus divertidas introducciones. Están algunos de los libros de fotografía como Definitive Collection de Robert Capa o The Americans de Robert Frank, imposibles de conseguir en el país y traerlos de afuera es soberanamente costoso. Y están esos libros que me traen gratos recuerdos y me daría mucha lástima perderlos, como mi edición de El Señor de los Anillos que está conmigo desde que tenía como 15 años.
Pero la verdad es que no creo que no se los prestaría "a nadie", más bien dependería mucho de quien es ese alguien que los pidiera, quizás esa persona tendría que firmar un fuerte contrato que incluiría parte de su alma en garantía pero igual se lo prestaría.
Pero si tengo que escoger algún libro que no me gustaría para nada prestar ese es Coches deportivos, series años 1945-1980, un maravilloso libro que reseña los mejores deportivos durante esos años.
En ese solo ejemplar se combinan las características anteriores: la fotografía es suprema; fotos de gran formato en cada página de los autos en hermosos paisajes, la reseña de cada vehículo está más allá de las especificaciones técnicas, están llenas de anécdotas curiosas y comentarios divertidos, el libro está descatalogadísimo, imposible de conseguir y, quizás lo que es más importante, fue un regalo hace años de Maru, un regalo que nunca me canso de curiosear y volver a visitar.
Me encanta los autos clásicos y si el mismo es un deportivo, 10 veces más. Tuve una época muy fanatico del motor y este libro llegó durante su climax y la verdad es que lo disfruté un montón y aún lo sigo haciendo.
Le tengo mucho cariño, fue un regalo muy bien escogido.
Difícil.
Hay varios libros en casa que me sería muy difícil entregar en préstamo. Están por ejemplo los Spectrum, a los que me daría mucho dolor ver estropeados o maltratados. Están esas colecciones descatalogadas imposibles de encontrar, por ejemplo las recopilaciones de los Premios Hugo de Isaac Asimov con sus divertidas introducciones. Están algunos de los libros de fotografía como Definitive Collection de Robert Capa o The Americans de Robert Frank, imposibles de conseguir en el país y traerlos de afuera es soberanamente costoso. Y están esos libros que me traen gratos recuerdos y me daría mucha lástima perderlos, como mi edición de El Señor de los Anillos que está conmigo desde que tenía como 15 años.
Pero la verdad es que no creo que no se los prestaría "a nadie", más bien dependería mucho de quien es ese alguien que los pidiera, quizás esa persona tendría que firmar un fuerte contrato que incluiría parte de su alma en garantía pero igual se lo prestaría.
Pero si tengo que escoger algún libro que no me gustaría para nada prestar ese es Coches deportivos, series años 1945-1980, un maravilloso libro que reseña los mejores deportivos durante esos años.
En ese solo ejemplar se combinan las características anteriores: la fotografía es suprema; fotos de gran formato en cada página de los autos en hermosos paisajes, la reseña de cada vehículo está más allá de las especificaciones técnicas, están llenas de anécdotas curiosas y comentarios divertidos, el libro está descatalogadísimo, imposible de conseguir y, quizás lo que es más importante, fue un regalo hace años de Maru, un regalo que nunca me canso de curiosear y volver a visitar.
Me encanta los autos clásicos y si el mismo es un deportivo, 10 veces más. Tuve una época muy fanatico del motor y este libro llegó durante su climax y la verdad es que lo disfruté un montón y aún lo sigo haciendo.
Le tengo mucho cariño, fue un regalo muy bien escogido.
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