lunes, 6 de abril de 2009

Muero por dentro

Dying inside
Robert Silverberg, 1972
Ediciones Martínez Roca, 1987
Traductor: Carlos Rodríguez

En esta campaña personal de intentar llenar los huecos en mis lecturas de títulos fundamentales de la ciencia ficción llego a este clásico de los setenta.

David Selig es un telépata, quien al llegar a los cuarenta se encuentra con que esa habilidad que le acompaña desde su nacimiento lo empieza a abandonar como quien pierde el cabello o le empieza la presbicia. Extrañamente, para David esta capacidad de leer la mente ha sido más una maldición que una bendición, convirtiéndolo en un personaje retraído, extraño, huraño, incapaz de conectarse con nadie. Mientras cualquiera con menos escrúpulos hubiera usado su habilidad triunfando en la vida, para David leer las mentes ajenas para obtener un beneficio le crea un cargo de conciencia y un sentimiento de repulsa por fisgón.

Persona inteligente y preparada, su vida va a la deriva dedicándose a realizar ensayos literarios para estudiantes universitarios mediocres o faltos de tiempo mientras obtiene algo de sexo fácil explorando la mente de las desconocidas que se cruzan en su camino y que descubre frustadas y vulnerables. Las contradicciones lo golpean y aunque la telepatía muchas veces le parece una maldición, sin ella se ve como otra persona. Una parte profunda de él muere y se siente incompleto al no poder alcanzar ese "éxtasis" que le significaba la comunión profunda con otra mente.

Recuerdo muchas veces de niño -y ya mayor- haber soñado con tener algún poder especial, alguna habilidad mágica de superheroe, y leer la mente de los demás fue una de las más habituales (quizá en segundo lugar después de ser invisible). Pensaba lo maravilloso que sería conocer lo que los demás piensan con solo un pequeño esfuerzo de voluntad. En Muero por dentro se nos presenta la otra cara de la moneda; no es bueno fisgonear porque puede no gustarte lo que ves.

Cuando las relaciones humanas son un juego de lo que muestras, lo que no, lo que finges ¿como puede mantenerse una relación estable con tus compañeros de trabajo, con tu pareja, con tu familia cuando puedes conocer sus mas íntimos secretos?¿como confiar en alguien al que le conoces sus defectos y errores? ¿como no sentirse un abusador por espiar esos pensamientos profundos que cada quien mantiene ocultos y que posiblemente ni siquiera conozcan concientemente? La respuesta del libro pareciera ser que si no eres un cínico no puedes.

Me gustó, aunque en mi opinión no es un libro de ciencia ficción, no importa, una buena muestra de literatura fantástica introspectiva, si es por continuar con la manía de etiquetar las cosas.

3 comentarios:

Aguafuerte dijo...

Hace días vi un capítulo de una serie donde hay un detective que “tocando” objetos se transporta a hechos del pasado y del futuro, dándole el poder (por así decirlo) de cambiar el destino de algunos crímenes.
Un compañero policía lo invita a “tocar” objetos de una mujer muy atractiva, para saber con certeza si sería una pareja apropiada. El sr este ve todo bueno (casi muy bueno) hasta que en el futuro ve que le monta cachos. Y se lo dice. Por supuesto decide no acercarse.
Pasan los días y andando juntos ven a otra chica, pero esta vez el policía amigo le dice “don´t touch her”.
Creo que mucho de lo divertido, interesante y sorprendente de la vida está en no saberlo todo. Probablemente, de tener alguno de estos dones, nos privaríamos de disfrutar cosas increíbles.

Irislis dijo...

Me hace recordar un manga que leí hace un tiempo, llamado Homúnculo, trataba sobre un científico que le paga a un indigente para dejarse practicar una trepanación que supuestamente despertaría en él habilidades extrasensoriales. Justamente la habilidad especial no era otra que poder ver directamente a las personas según sus propios miedos y complejos. Esta habilidad suele traerle más problemas que ventajas.

Tambien La Zona Muerta de Stephen King trata este tema, pero muy en su estilo propio. Este libro que mencionas parece muy interesante!

Juan RRR dijo...

Hay un libro de Palahniuk llamado Nana. La nana es una canción de cuna africana, el problema es que mata a quien se la cantas...así no la cantes en voz alta. Entonces ¿como evitas cantársela al motorizado que se atraviesa o a la vieja en la cola del banco, por ejemplo?