lunes, 25 de junio de 2012

Chulapos mambo


"-Silvio, me siento halagado. Escritores que hacen novelas había muchos, pero ninguno te ha sido tan fiel como yo. Piensa que sin intención ninguna fui quien dejó abierta la puerta de tu casa y eso permitió que no tuvieses que seguir pagando enfermeras para el Alzheimer de tu padre.
-Mi pobre padre... espero que donde esté..."

Según la RAE chulapo es sinónimo de chulo. De eso trata este libro; tres chulos en Madrid.

El primero es Henry, un escritor de algún país caribeño del que nunca nos dicen su nombre pero que tiene como presidente a cierto "Comandante". Comprometido con el proceso revolucionario de su país, está en Madrid para un congreso de escritores a pesar de nunca haber publicado nada (excepto un libro de cuentos que una editorial oficial le publicó en una política "socialista" de publicar cualquier cosa de cualquier persona). Siempre en busca de LA OBRA que lo disparará a la fama, en su disociada mente desborda talento a pesar de que solo sabe repetir las frases leídas en otros libros. Habla de la revolución mientras consume vinos caros, viste ropa de marca y se queda en un hotel de lujo.

Simao es su compatriota, terminó en España cuando su padre, un portugués emigrante, perdió todo en ese mismo país caribeño durante unos saqueos por un aumento de la gasolina. Simao estudiaba artes ya que su objetivo era estudiar toda la vida y vivir de las rentas. Ahora comparte un apartamento de 32 metros con su esposa, su hermano, su cuñada, su madre, su padre y el perro. Nadie en la familia sabe que todo lo perdieron por culpa de un discurso incendiario de Simao durante esas revueltas. Revolucionario de café, siempre quiso enardecer a las masas y la única vez que lo logró se lanzaron contra los negocios familiares. Ahora se dedica a atormentar a la anciana vecina por encargo del dueño del edificio para lograr que se mude.

Alejandro es el dueño de una empresa de ropa, sus técnicas de mafioso le ayudan a prosperar. Odia sus orígenes canarios (hasta el punto de tomar cursos para tener acento madrileño) y por eso mismo odia a su esposa Candelaria, una mujer sencilla que lleva las Canarias en la sangre. El problema es que en realidad Candelaria es la dueña de la empresa y Alejandro no se puede divorciar de ella pues perdería todos sus lujos. Para poder vivir tranquilo con su  nueva amante no se le ocurre nada mejor que conseguirle un amante a su esposa. Alejandro contratará a Simao a quien se le ocurrirá que nada mejor que un escritor como amante de Candelaria, el problema es que Henry no sabe escribir, ni siquiera tiene ideas originales.

Carentes de cualquier rastro de conciencia, capaces de pisotear a cualquiera para alcanzar sus fines. Exceso de ego, violencia injustificada, dañar sin razón. Psicópatas o niños inmaduros, la frontera se desvanece. Unos redomados idiotas incapaces de comprender, aceptar y mucho menos arrepentirse de sus malas acciones, con una asombrosa capacidad de culpar a otro de todas sus desventuras.

Una cruel burla de ciertos personajes con los que nos encontramos en el día a día. Humor negro al más puro estilo británico (me recuerda a Tom Sharpe o a P. G. Wodehouse), Juan Carlos Méndez Guédez no les tiene compasión, casi que juraría que se ha encontrado con algunos de estos especímenes y goza un montón burlándose de ellos. Yo lo disfruté, a pesar de que algunos fragmentos como la descripción de la misión del gobierno encargada de formar escritores y novelistas que se convirtió en una misión para enseñar a leer (con los mismos participantes que de esa manera continuaron cobrando la beca) casi dan ganas de llorar.

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