viernes, 11 de enero de 2008

Hijos de los hombres


The Children of Men
P. D. James,1992
Editorial Sudamericana, 1994, 2000
Traductor:María S. Cristoff



"-[...]Y, después de todo, hay compesaciones personales. Hemos estado los últimos sesenta años adulando al sector más ignorante, más criminal y más egoista. Ahora, por el resto de nuestra vida, estaremos libres del barbarismo intruso de los jóvenes, de su ruido, de ese golpeteo repetitivo producido por la computadora que llaman música, y de su egoismo disfrazado de idealismo. Por Dios, incluso quizá logremos deshacernos de la Navidad, esa celebración anual de la culpa paterna y la avidez juvenil. Yo quiero que mi vida sea agradable y, cuando deje de serlo, acompañaré mi última pastilla con una botella de clarete..."


Similar a como ocurre en el gran clásico de las distopias, la historia empieza con su protagonista, Theo, iniciando un diario. Diario que arranca el primero de enero del año 2021, mismo día de su cumpleaños cincuenta y además el día en que muere, en una pelea en un bar, el hombre con el dudoso honor de ser el más joven de la Tierra. Una Tierra cada día más vieja afectada por lo que hace 26 años se llamó el Año Omega, una extraña e inexplicable infertilidad masculina que ha impedido cualquier nuevo nacimiento.

Theo es un profesor de historia en Oxford (clases que actualmente se reducen a cursos para personas mayores), divorciado y depresivo. Sería una persona común y corriente de no ser primo de Xan Lyppiatt, el Custodio de Inglaterra, dictador de Gran Bretaña. Durante un tiempo fue su asesor pero renunció al cargo volviendo al anonimato. Un grupo de subversivos, descontentos por las violaciones de derechos humanos a los detenidos, a los inmigrantes (practicamente esclavos temporales), la eutanasia sin humanidad y en general a los metodos opresivos del Custodio contacta a Theo y le solicita que hable con su primo y le sugiera una rectificación y un cambio (cosa obviamente a la que el Custodio se negará).

Excelente novela de P. D. James, se pasea entre la narración tradicional en tercera persona y la primera persona del diario de Theo, donde describe parte de su infancia cuando, como el pariente pobre, visitaba a Xan durante las vacaciones a la mansión de su padre en el campo, su amistad durante la juventud, las diferencias y semejanzas entre ambos, los conflictos íntimos así como los tormentos y sentimientos de culpa que lo acosan por haber ocasionado la muerte de su propia hija y la destrucción de su matrimonio. Theo se autoclasifica como una persona egoista, agnóstico y descreido, pero el contacto con este grupo de terroristas -por los que al principio no siente ninguna empatía ni les ve futuro alguno- le hará salir de su cínismo para luchar por una esperanza para la humanidad.

Muy bien la forma como se describe la infancia de Xan, un niño inteligente aunque promedio, totalmente normal aunque con una extraña personalidad, destinado a convertirse en un tirano dictador, quien friamente pasará sobre muchas personas solo para mantener el orden en un mundo cada vez más caótico sin importar los derechos de los demás. ¿Es el bien de la mayoría una excusa para violentar los derechos de pocos? Nunca lo he creído, más bien es mi opinión que es obligación de la mayoría garantizar los derechos de las minorias, pero es tan natural la forma como James nos presenta a este dictador que casi estamos tentados a estar de acuerdo con sus maneras.

Curioso, llegué a este libro por la película de Cuarón, la cual me encantó, pero la adaptación fue tan ligera que, excepto por el nombre del protagonista y el hecho de la infertilidad, son obras totalmente distintas, se les puede llegar en cualquier orden y sin esperar nada de ninguna en función de la otra.

3 comentarios:

Lobo7922 dijo...

Si puedes hacer algún comentario sobre la película, que me llamó la atención pero nunca la pude ver

Juan RRR dijo...

a cá

avellanal dijo...

Yo he visto la película -ya pondré una review propia en mi blog próximamente-, pero no he leído el libro. Y, ciertamente, me sorprende gratamente que una autora que siempre transitó por las novelas policiales, al mejor estilo Agatha Christie, se decidiera a cambiar de género de forma tan radical, y al parecer, con tan buenos dividendos como resultado final.