martes, 10 de junio de 2008

Ya no estamos en guerra con Eurasia

En el sexto día de la Semana del Odio, después de los desfiles, discursos, gritos, cánticos, banderas, películas, figuras de cera, estruendo de trompetas y tambores, arrastrar de pies cansados, rechinar de tanques, zumbido de las escuadrillas aéreas, salvas de cañonazos..., después de seis días de todo esto, cuando el gran orgasmo político llegaba a su punto culminante y el odio general contra Eurasia era ya un delirio tan exacerbado que si la multitud hubiera podido apoderarse de los dos mil prisioneros de guerra eurasiáticos que habían sido ahorcados públicamente el último día de los festejos, los habría despedazado..., en ese momento precisamente se había anunciado que Oceanía no estaba en guerra con Eurasia. Oceanía luchaba ahora contra Asia Oriental. Eurasia era aliada.

Desde luego, no se reconoció que se hubiera producido ningún engaño. Sencillamente, se hizo saber del modo más repentino y en todas partes al mismo tiempo que el enemigo no era Eurasia, sino Asia Oriental. Winston tomaba parte en una manifestación que se celebraba en una de las plazas centrales de Londres en el momento del cambiazo. Era de noche y todo estaba cegadoramente iluminado con focos. En la plaza había varios millares de personas, incluyendo mil niños de las escuelas con el uniforme de los Espías. En una plataforma forrada de trapos rojos, un orador del Partido Interior, un hombre delgaducho y bajito con unos brazos desproporcionadamente largos y un cráneo grande y calvo con unos cuantos mechones sueltos atravesados sobre él, arengaba a la multitud. La pequeña figura, retorcida de odio, se agarraba al micrófono con una mano mientras que con la otra, enorme, al final de un brazo huesudo, daba zarpazos amenazadores por encima de su cabeza. Su voz, que los altavoces hacían metálica, soltaba una interminable sarta de atrocidades, matanzas en masa, deportaciones, saqueos, violaciones, torturas de prisioneros, bombardeos de poblaciones civiles, agresiones injustas, propaganda mentirosa y tratados incumplidos. Era casi imposible escucharle sin convencerse primero y luego volverse loco. A cada momento, la furia de la multitud hervía inconteniblemente y la voz del orador era ahogada por una salvaje y bestial gritería que brotaba incontrolablemente de millares de gargantas. Los chillidos más salvajes eran los de los niños de las escuelas. El discurso duraba ya unos veinte minutos cuando un mensajero subió apresuradamente a la plataforma y le entregó a aquel hombre un papelito. Él lo desenrolló y lo leyó sin dejar de hablar. Nada se alteró en su voz ni en su gesto, ni siquiera en el contenido de lo que decía. Pero, de pronto, los nombres eran diferentes. Sin necesidad de comunicárselo por palabras, una oleada de comprensión agitó a la multitud. ¡Oceanía estaba en guerra con Asia Oriental! Pero, inmediatamente, se produjo una tremenda conmoción. Las banderas, los carteles que decoraban la plaza estaban todos equivocados. Aquellos no eran los rostros del enemigo. ¡Sabotaje! ¡Los agentes de Goldstein eran los culpables! Hubo una fenomenal algarabía mientras todos se dedicaban a arrancar carteles y a romper banderas, pisoteando luego los trozos de papel y cartón roto. Los Espías realizaron prodigios de actividad subiéndose a los tejados para cortar las bandas de tela pintada que cruzaban la calle. Pero a los dos o tres minutos se había terminado todo. El orador, que no había soltado el micrófono, seguía vociferando y dando zarpazos al aire. Al minuto siguiente, la masa volvía a gritar su odio exactamente come antes. Sólo que el objetivo había cambiado.

Lo que más le impresionó a Winston fue que el orador dio el cambiazo exactamente a la mitad de una frase, no sólo sin detenerse, sino sin cambiar siquiera la construcción de la frase...
1984, George Orwell



Texto clásico escrito en 1948, cualquier semejanza con:

"no son organizaciones terroristas, son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado"

convertido, en menos de seis meses, en:

"suelten a toda esa gente, hay ancianos, mujeres, enfermos (...)
Ya está bueno (...) la guerra de guerrillas pasó a la historia"

es pura y triste coincidencia y/o que George Orwell en realidad conocía la naturaleza humana.

Dificil la tienen los que deben realizar maromas mentales para justificar estos extraños saltos de talanquera. Claro, de antiguo se sabe que burro que piensa bota la carga.

5 comentarios:

Lobo7922 dijo...

Tengo un amigo que dice que 1984 es el libro de cabecera de Chavez.

perenquén dijo...

No sólo conocía la naturaleza humana, sino que fue un hombre lúcido. Había sufrido, en su etapa española como combatiente del POUM, los métodos del sistema totalitario estalinista y, por haber servido en la policía imperial británica, sabía que la lógica del poder era igual en todas partes. Por eso 1984 sigue siendo una de las experiencias literarias más abrumadoras y más terroríficas que puedan tenerse.

Un saludo.

Guido dijo...

Triste y nauseabundo, sin duda.

Y lo peor es que no es sólo esto, sino que el ejemplo que has seleccionado es un evento que se repite con diferentes formas, pero el mismo patrón, mes tras mes.

Sin hablar del negroblanco habitual. Desde José Vicente y el "excesivamente normal" hasta el cafecito mientras los muertos de Puente Llaguno.

Guido dijo...

Por cierto:

http://iratercermundo.blogspot.com/2006/03/locura-ceguera-o-estupidez.html

Otro ejemplo de negroblancoo.

antesdelunes dijo...

esta escena es un clásico y por cierto fue la misma que yo empleé para ilustrar cierta circunstancia pre-electoral a finales del año pasado.


Saludos